—¿Por qué?
Nadie respondió.
Entonces una enfermera entró apresuradamente.
—Señora Mercer, necesitamos trasladarla ahora.
El monitor había cambiado.
Los médicos comenzaron a prepararme.
Gabriel se apartó.
Ethan intentó acercarse.
—Claire.
Lo miré una última vez.
—No vuelvas a pedirme que confíe en ti.
Las puertas se cerraron.
Mientras me llevaban hacia la sala de parto, escuché voces detrás.
Pero ya no podía distinguirlas.
Solo podía pensar en mis tres bebés.
Y en que, mientras Ethan había creído que veinticuatro horas bastaban para borrar a su esposa de su vida, alguien más había estado preparando una verdad capaz de destruir todo aquello que él intentaba proteger.
Horas después, cuando finalmente pude abrir los ojos, tres pequeños sonidos llenaron la habitación.
Tres llantos.
Tres vidas.
Tres corazones que habían decidido quedarse conmigo.
Una enfermera acercó al primer bebé.
Luego al segundo.