Mi esposo me echó embarazada de trillizos, pero un desconocido apareció bajo la lluvia y cambió para siempre nuestra historia aquella noche

No sabía cómo había llegado tan rápido.

Su cabello estaba mojado.

Su rostro mostraba algo parecido al miedo.

—¿Qué haces aquí?

—Me llamaron.

Lo miré.

—¿Quién?

—El hospital.

—¿Por qué?

No respondió.

Entonces recordé que Ethan había trabajado durante años con médicos del mismo sistema hospitalario.

Probablemente alguien había reconocido su nombre.

—¿Dónde está Sabrina?

Su rostro cambió.

—No importa.

Solté una risa débil.

—Hace unas horas parecía importar bastante.

Ethan se acercó.

—Claire, podemos hablar después.

—No.

Mi voz salió más firme de lo que esperaba.

—Ahora quiero saber quién llamó al hospital.

Ethan guardó silencio.

Entonces la puerta se abrió.

Gabriel apareció nuevamente.

Ethan se quedó completamente inmóvil.

Los dos hombres se miraron.

No era una mirada entre desconocidos.

Era una mirada entre personas que conocían secretos diferentes.

—Tú —dijo Ethan.

Gabriel cerró la puerta detrás de él.

—Sí.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

—¿Se conocen?

Gabriel miró a Ethan.

—Mucho más de lo que él quiere admitir.

Ethan dio un paso hacia él.

—No tienes nada que hacer aquí.

Gabriel no se movió.

—Tengo más derecho que tú.

Sentí un frío recorrerme.

—¿Qué significa eso?

Gabriel me miró.

Después miró a Ethan.

—Significa que tu esposo no te contó toda la verdad sobre el dinero que congeló.

Ethan apretó los dientes.

—No empieces.

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