—Dijiste cinco días.
—Dije cinco o seis.
Hubo silencio.
Después Mauricio habló.
—El fideicomiso se activa cuando muera.
Mariana llevó una mano a la boca.
Barragán respondió:
—Lo sé.
—Entonces asegúrate de que nadie cambie la dosis.
—No lo hará.
—¿Y la cuidadora?
Mariana sintió que la sangre abandonaba su rostro.
—¿Qué pasa con ella?
—Sabe demasiado.
El silencio fue largo.
Después Barragán preguntó:
—¿Quieres que la despidamos?
Mauricio soltó una pequeña risa.
—No.
—¿Entonces?
—Primero quiero saber qué ha visto.
Mariana retrocedió lentamente.
Tenía que salir de allí.
No podía permitir que la escucharan.
Regresó a la habitación.
Cerró la puerta.
Tomó a Leo.
Y durante los siguientes minutos se quedó sentada junto a la cama de Gonzalo, intentando controlar la respiración.
Entonces el empresario abrió los ojos.
Mariana se acercó.