—Llámalos.
Entonces escuchamos nuevamente los tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.
Pero esta vez no vinieron de detrás de la biblioteca.
Vinieron de debajo de nosotros.
Desde el sótano.
Daniel y yo nos miramos.
Mia apareció detrás de nosotros.
Su rostro estaba pálido.
—No —susurró.
—¿Qué pasa?
Señaló el suelo.
—Es ahí.
—¿Qué hay ahí?
Mia abrazó a Lily con más fuerza.
—La otra puerta.
Y en ese instante comprendí que la habitación detrás de mi biblioteca no era el secreto.
Era solo la entrada.