—¿Una cámara?
—Sí.
—¿Está funcionando?
—La luz está encendida.
Miré hacia Mia.
Ella estaba abrazando a Lily.
Entonces entendí algo mucho más aterrador.
Alguien no solo había construido una habitación secreta dentro de mi casa.
Alguien llevaba tiempo observando quién entraba y quién salía.
Y probablemente había visto a Mia escuchar los golpes.
Había visto a Grace descubrir la puerta.
Y había visto cómo yo acababa de encontrarla.
—Daniel.
—Sí.
—No abras esa puerta todavía.
—Entendido.
—Quiero que asegures todas las entradas.
—¿Cree que alguien está dentro?
Miré hacia la escalera.
—Ya no me importa lo que creo.
Hice una pausa.
—Quiero saberlo.
Colgué.
Mia levantó la mirada.
—Señor Duca.
—¿Sí?
—Ahora ya sabe que no estaba inventando cosas.
Me acerqué y me agaché frente a ella.
—No.
Miré a Lily dormida sobre su espalda.
—No estabas inventando nada.
Mia pareció respirar por primera vez en toda la noche.
Pero entonces, desde el piso de arriba, se escuchó un ruido.
Una puerta cerrándose.
Daniel estaba en el estudio.
Y nosotros estábamos abajo.
Alguien más estaba en mi casa.
Mia me tomó la mano.
—Ese sonido también lo escuché antes.
La miré.
—¿Cuándo?
—La noche que mamá encontró la puerta.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué pasó aquella noche?