A LAS DOS DE LA MAÑANA, UNA NIÑA DE SEIS AÑOS ME PIDIÓ QUE ESCUCHARA LA PARED DE MI BIBLIOTECA: TRES GOLPES DESDE EL OTRO LADO CAMBIARON TODO…-gr-haohao

Me acerqué.

—Mia me dijo que llevas semanas enferma.

Grace cerró los ojos.

—No puedo perder el trabajo.

—No te estoy despidiendo.

Ella comenzó a llorar.

—Si dejo de trabajar, pierdo el apartamento.

—Eso no va a pasar esta noche.

—Usted no entiende.

—Entonces explícame.

Grace respiró profundamente.

—Hace dos meses encontré algo detrás de la biblioteca.

Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

—¿Qué encontraste?

Miró a Mia.

—Una puerta.

Mia asintió.

—Lo sabía.

Grace continuó.

—Pensé que era una habitación antigua. Algo que había quedado cerrado cuando compraron la casa.

—¿Y?

—Una noche escuché golpes.

—¿Los mismos tres golpes?

Asintió.

—Abrí la puerta.

—¿Qué viste?

Grace tardó varios segundos en responder.

—Un pasillo.

Sentí un escalofrío.

—¿Un pasillo?

—Estrecho. Oscuro. Bajaba hacia otra parte de la casa.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Grace comenzó a llorar.

—Porque había cosas allí.

—¿Qué cosas?

Ella me miró directamente.

—Cajas.

—¿Qué había dentro?

—Documentos.

El silencio se volvió pesado.

—¿Documentos de qué?

Grace negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Por qué no lo supiste?

—Porque alguien me encontró.

La miré.

—¿Quién?

Grace tragó saliva.

—Un hombre.

—¿Qué hombre?

—No lo había visto antes.

Su voz tembló.

—Me dijo que esa parte de la casa no existía.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *