VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ

lo presentó rápidamente y él se quedó conversando con varias personas. Después Alejandra se marchó temprano por dolor decabeza. Nunca imaginó que Esteban continuaría allí. —¿Él me conocía? pregunté. Hubo un silencio. —Te había visto antes —respondió finalmente.
No era un desconocido absoluto. Meses atrás yo había vendido una cámara por internet. Esteban había sido uno de los interesados. Intercambiamos algunos mensajes, pero nunca concretamos porque ofrecía mucho menos de lo que pedía. Después insistió un par de veces preguntando si todavía la tenía y dejé de responder. Mi perfil mostraba mi nombre completo, pero nunca le había dado mi domicilio.
Eso explicaba cómo me reconoció en la fiesta, pero no qué hacía frente a mi casa. Fernanda encontró una fotografía grupal tomada aquella noche. Esteban aparecía al fondo mirando su teléfono. En otra imagen, tomada veinte minutos después, ya no estaba. Según la hora, había salido poco después de

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