Capítulo 3: El plan para quitarme a mi hija

Colgó.

—¿Qué pasó?

Me miró.

—La escuela acaba de llamarme.

Sentí que el corazón se me aceleraba.

—¿Qué ocurrió?

—Tu hija salió del aula porque alguien vino a recogerla.

—¿Quién?

Mi padre tardó demasiado en responder.

—Dijeron que era su abuela.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—Pero mi madre no tiene autorización para recogerla.

—Lo sé.

—¿Dónde está mi hija?

Mi padre tomó las llaves.

—La directora la retuvo dentro del despacho. Tu madre no consiguió llevársela.

Respiré por primera vez en varios segundos.

—Voy para allá.

Salimos corriendo.

Cuando llegamos a la escuela, la directora nos esperaba en la entrada.

—Su hija está segura.

Casi me derrumbé del alivio.

—¿Dónde está?

—En mi oficina.

Corrí hasta allí.

Mi hija se levantó en cuanto me vio y se lanzó a mis brazos.

—¡Mamá!

La abracé con todas mis fuerzas.

—Estoy aquí.

—La abuela vino por mí.

—Lo sé.

—Dijo que tú le habías dicho que podía llevarme.

Cerré los ojos.

—Nunca hice eso.

La directora intervino.

—La señora mostró una copia de un documento.

—¿Qué documento?

Me entregó una hoja.

Era una autorización con mi firma.

Pero yo nunca la había firmado.

La miré detenidamente.

Era una falsificación.

Mi padre tomó el documento.

—Esto es grave.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunté.

La directora respondió:

—Ya llamamos a la policía.

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