No sabe qué pasó.
No sabe que el hombre que acaba de entregarle un trofeo es su padre.
—Entonces díselo.
—Cuando esté preparado.
—¿Y quién decide eso?
—Él y yo.
La furia apareció.
—¿Y yo qué soy?
Lo miré.
—Eso es exactamente lo que tendremos que descubrir.
Aquella noche Leo estaba demasiado emocionado por el premio para pensar mucho en Ethan.
Colocó el trofeo sobre su escritorio.
—Mamá.
—¿Sí?
—El señor Sullivan es muy famoso.
—Lo sé.
—Lucas dice que tiene una empresa enorme.
—También es verdad.
—¿Cómo lo conociste?
Ahí estaba.
Me senté en su cama.
—Hace muchos años.
—¿Antes de que naciera?
—Sí.
—¿Era tu novio?
Casi sonreí.
—Algo más serio.
Leo frunció el ceño.
Después abrió mucho los ojos.
Era inteligente.
Demasiado.
—¿Fue tu esposo?
No respondí inmediatamente.
No hizo falta.
—Dios.
—Leo.
—¿El señor Sullivan era tu esposo?
—Sí.
Su expresión cambió.
No a sorpresa solamente.