—Señor Vale.
—¿Qué ocurre?
La doctora cerró la puerta.
—Antes de hablar con usted, necesito explicarle que existe una revisión interna en curso.
Julian sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Sobre qué?
La doctora abrió una carpeta.
—Sobre el informe relacionado con su hijo.
Julian miró las hojas.
—¿Qué tiene de malo?
—Hay una diferencia entre la hora registrada en el informe y la hora de ciertos procedimientos.
Julian frunció el ceño.
—¿Eso qué significa?
La doctora respiró profundamente.
—Significa que necesitamos revisar nuevamente la secuencia de acontecimientos.
Julian sintió que el mundo se inclinaba.
—¿Está diciendo que el informe podría estar equivocado?
—Estoy diciendo que todavía no podemos confirmar todos los detalles.
Entonces la puerta se abrió.
Entró otro médico.
Llevaba una carpeta más pequeña.
—Encontramos algo en los registros electrónicos.
Julian lo miró.
—¿Qué?
El médico colocó una hoja sobre la mesa.
—Una orden fue modificada después de haber sido registrada originalmente.
Julian miró la pantalla.
—¿Quién la modificó?
El médico señaló una línea.
—Ese es precisamente el problema.
El nombre asociado a la modificación no pertenecía al equipo que atendió a Evelyn.
Julian sintió un escalofrío.
—¿Quién fue?
El médico negó lentamente con la cabeza.
—Todavía no lo sabemos.
Julian pensó en Evelyn.
Pensó en las llamadas.
Pensó en Chloe.
Pensó en las personas que conocían sus movimientos.
Y entonces comprendió algo todavía más inquietante.
Si alguien había alterado un documento médico, aquello ya no era solamente una tragedia familiar.
Podía tratarse de algo mucho más serio.
Mientras tanto, lejos del hospital, Evelyn estaba sentada en una habitación de hotel con su madre.
Sobre la mesa tenía su pasaporte, una computadora y tres carpetas.
No había llorado en horas.
Había llorado todo lo que podía llorar.
Ahora solo quería respuestas.
Su madre colocó una mano sobre la suya.
—¿Estás segura de que quieres seguir adelante?
Evelyn miró los documentos.
—No sé qué ocurrió exactamente con nuestro hijo.
—Los médicos dijeron que no sobrevivió.
—Lo sé.
—Entonces, ¿qué buscas?
Evelyn levantó la mirada.
—La verdad.
Abrió una de las carpetas.
Dentro había una copia de su historial médico.
Otra contenía registros de llamadas.
La tercera tenía documentos corporativos.
Pero debajo de todos ellos había un pequeño sobre.
Evelyn lo había recibido la noche anterior.
No tenía remitente.
Solo una frase escrita a mano.