Parte 2: La casa que ya no podían quitarmekara

cancelé porque tenías acceso a mis cuentas.

—Solo las manejaba por ti.

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—No te pedí que manejaras nada.

Escuché a Verónica decir algo al fondo. No entendí las palabras, pero reconocí el tono: impaciencia.

Mauricio bajó la voz.

—Mamá, no hagas una tontería. Regresamos mañana y hablamos.

—No vas a hablarme en mi  casa sin mi abogada presente.

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Hubo silencio.

—¿Abogada?

Embarazo y maternidad

—Sí.

—¿Vas a demandar a tu propio hijo?

Me dolió que esa fuera su primera preocupación.

No si estaba bien.

No si necesitaba algo.

No si su bofetada me había lastimado.

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Solo el dinero.

—No —respondí—. Voy a protegerme de las decisiones que mi propio hijo tomó contra mí.

Colgué.

Teresa envió una carta formal a Mauricio y Verónica ese mismo día. Les informaba que su permiso para habitar la casa quedaba revocado y les concedía un plazo legal para retirar sus pertenencias. También exigía que devolvieran tarjetas, dispositivos

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