cancelé porque tenías acceso a mis cuentas.
—Solo las manejaba por ti.
—No te pedí que manejaras nada.
Escuché a Verónica decir algo al fondo. No entendí las palabras, pero reconocí el tono: impaciencia.
Mauricio bajó la voz.
—Mamá, no hagas una tontería. Regresamos mañana y hablamos.
—No vas a hablarme en mi casa sin mi abogada presente.
Hubo silencio.
—¿Abogada?
—Sí.
—¿Vas a demandar a tu propio hijo?
Me dolió que esa fuera su primera preocupación.
No si estaba bien.
No si necesitaba algo.
No si su bofetada me había lastimado.
Solo el dinero.
—No —respondí—. Voy a protegerme de las decisiones que mi propio hijo tomó contra mí.
Colgué.
Teresa envió una carta formal a Mauricio y Verónica ese mismo día. Les informaba que su permiso para habitar la casa quedaba revocado y les concedía un plazo legal para retirar sus pertenencias. También exigía que devolvieran tarjetas, dispositivos