silencio durante dieciocho años ya no estaba dispuesta a agachar la cabeza. Le exigió una reunión formal en la oficina del abogado y le pidió que llevara a todos los letrados que quisiera. «Tal vez me arrepienta, pero me arrepentiré estando de pie», le respondió.
La carta que puso fin a la disputaAl día siguiente, en la oficina de Nathaniel, Julian y sus dos abogados intentaron una última maniobra: cincuenta mil dólares a cambio de la firma. Marta rechazó la oferta y sacó la carta del bolso.
Con voz temblorosa, leyó las palabras del señor Whitaker: le agradecía haberlo cuidado en la enfermedad, la soledad y el miedo; reconocía que su hijo había heredado su sangre, pero que ella se había ganado su confianza; explicaba que Julian medía el amor por su valor futuro, mientras que ella había entregado el suyo sin esperar nada. Le pedía además que nunca permitiera