PARTE 2: CUANDO ATERRIZÓ, YA NO TENÍA NADA

Mi marido no solo había planeado pasar cuatro años con su amante.

Había utilizado mi identidad financiera para ayudar a construir la vida que pensaba compartir con ella.

Entonces Rebecca abrió otro documento.

—Hay algo más.

Era un correo enviado seis meses antes.

De Margaret a Nathan.

Asunto: CLAIRE.

Leí la primera línea.

“Cuando estés instalado con Olivia, déjamela a mí. Si está ocupada cuidándonos, tardará mucho más en descubrir lo demás.”

Dejé de respirar.

Volví a leerlo.

Margaret sabía lo de Olivia.

Sabía lo de Londres.

Y mudarse a mi casa nunca había sido únicamente una exigencia egoísta.

Había sido parte del plan.

Pero la última línea del correo fue la que hizo que Rebecca cerrara inmediatamente la puerta de su despacho.

“Recuerda que Claire todavía no sabe qué hicimos con la herencia de su padre.”

Levanté lentamente la mirada.

—Mi padre no me dejó ninguna herencia.

Rebecca permaneció en silencio.

Después dijo:

—Claire, creo que precisamente eso es lo que Nathan necesitaba que siguieras creyendo.

Y en ese momento comprendí que los cuatro años en Londres quizá nunca habían sido el principio de la traición.

Solo eran la huida.

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