Antes de irme, saqué algo de mi bolso.
Un sobre.
Él lo miró.
—¿Qué es eso?
—Los documentos de separación.
Su rostro perdió color.
—Clara…
—No es una amenaza.
—No es venganza.
Lo miré por última vez.
—Es simplemente la primera decisión que tomo pensando en mí.
Mateo sostuvo el sobre con las manos temblorosas.
Y mientras yo caminaba hacia el ascensor, finalmente comprendió algo:
Durante nueve años había creído que yo necesitaba su hogar.
Su apellido.
Su familia.
Pero la verdad era mucho más cruel.
Él era quien necesitaba que yo siguiera allí.