PARTE 2: DESCUBRÍ QUE MI EX ESPOSA NUNCA ME ABANDONÓ Y EL SECRETO QUE ME OCULTARON CAMBIÓ TODA MI VIDA

—Alguien la recibió.

Cassandra asintió.

—Eso pensé.

Nos quedamos en silencio.

Entonces comprendí algo.

Alguien no solo había separado una pareja.

Habían robado tres años de la vida de dos niños.

—¿Quién?

Cassandra me miró.

—No lo sé.

Pero antes de que pudiera responder, el avión comenzó a moverse.

La conversación tuvo que detenerse.

Regresé a mi asiento.

Pero ya no podía mirar hacia otro lado.

Mis hijos estaban a veinte filas de distancia.

Mis hijos.

La palabra todavía parecía imposible.

Dos horas después aterrizamos.

No esperé a que los pasajeros salieran.

Esperé.

Cuando Cassandra tomó las maletas, me acerqué.

—Necesito hablar contigo.

Ella dudó.

—Damon…

—Por favor.

No era una orden.

Era una petición.

Finalmente asintió.

Fuimos a una cafetería cercana al aeropuerto.

Los niños estaban sentados entre nosotros dibujando.

La niña levantó la vista.

—¿Eres amigo de mamá?

Tragué saliva.

—Soy alguien que debió conocerlos mucho antes.

Cassandra bajó la mirada.

Después de unos segundos dijo:

—Se llaman Noah y Emma.

Sonreí con tristeza.

—Son hermosos.

—Lo son.

Hubo una pausa.

—Damon, no quiero que aparezcas solo porque descubriste que tienes hijos.

La miré.

—No estoy aquí por obligación.

Ella levantó los ojos.

—Entonces ¿por qué?

Miré a esos dos pequeños.

Los mismos ojos.

La misma expresión.

—Porque perdí tres años que nunca voy a recuperar.

Cassandra no respondió.

Pero sus ojos se suavizaron.

Al día siguiente contraté a un investigador privado.

No porque quisiera venganza.

Sino porque necesitaba respuestas.

Dos semanas después llegó el informe.

Y la verdad era peor de lo que imaginaba.

La carta no había sido perdida.

No había sido enviada al lugar equivocado.

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