Fue entonces cuando Marian, apoyado en la azada, dijo algo inesperado: cuando su hermana le preguntó si le parecía normal lo que hacía su esposa, él respondió: «Empieza a parecerme normal.» Doina se fue furiosa.
La cosecha y la ruptura del ciclo
En septiembre, Marian trabajó dos días para desenterrar las papas. El resultado fue mucho menor que en años anteriores: apenas unos cuantos sacos. El domingo llegó Doina con Nicu, dispuesta a abrir el maletero como siempre.
Marian le ofreció dos sacos. Doina no lo podía creer: acostumbraba llevarse ocho o diez. Abrió uno, tomó una papa y se quejó de que eran pequeñas. Fue exactamente la misma frase que Elena había escuchado durante años, pero esta vez dirigida al hombre que había trabajado la tierra.