Durante siete años cultivé la huerta sola mientras mi esposo regalaba los sacos a su hermana: el verano en que dejé de trabajar para elloskara

Fue entonces cuando Marian, apoyado en la azada, dijo algo inesperado: cuando su hermana le preguntó si le parecía normal lo que hacía su esposa, él respondió: «Empieza a parecerme normal.» Doina se fue furiosa.

La cosecha y la ruptura del ciclo
En septiembre, Marian trabajó dos días para desenterrar las papas. El resultado fue mucho menor que en años anteriores: apenas unos cuantos sacos. El domingo llegó Doina con Nicu, dispuesta a abrir el maletero como siempre.

Marian le ofreció dos sacos. Doina no lo podía creer: acostumbraba llevarse ocho o diez. Abrió uno, tomó una papa y se quejó de que eran pequeñas. Fue exactamente la misma frase que Elena había escuchado durante años, pero esta vez dirigida al hombre que había trabajado la tierra.

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