PARTE 2: LA VERDAD OCULTA BAJO EL AGUA

Tobías sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo.

—Esto estaba escondido en el coche.

Lo encendió.

Era una grabación.

Escuché la voz de Garrett.

—Después del accidente nadie sospechará. Rosalind firmará los documentos cuando herede completamente el astillero.

Luego escuché la voz de Penélope.

—¿Y si descubre algo?

Garrett se rio.

—Ella siempre ha sido demasiado confiada. Cree que la amo.

Mis manos comenzaron a temblar.

No era una sospecha.

Era una confesión.

Pero todavía faltaba algo.

Algo que Tobías había mencionado.

Algo que Garrett había estado introduciendo en mi cuerpo durante tres años.

—¿Qué me estaba haciendo? —pregunté en voz baja.

Tobías dudó.

Y esa pausa me asustó más que cualquier respuesta.

—Rosalind… ¿recuerdas esas vitaminas que Garrett insistía en que tomaras todas las mañanas?

Mi rostro perdió color.

Sí.

Desde el primer mes de matrimonio.

Garrett decía que eran suplementos para mi cansancio.

—Me decía que eran para ayudarme con el estrés del trabajo.

Tobías apretó los labios.

—No eran vitaminas.

El mundo volvió a girar.

—¿Entonces qué eran?

—Una sustancia que, tomada durante mucho tiempo, podía causar problemas de memoria, fatiga y confusión. Lo suficiente para que si algún día necesitabas declarar contra él, parecieras inestable.

Me llevé una mano a la boca.

Garrett no solo quería mi dinero.

No solo quería mi empresa.

Quería destruir mi credibilidad.

Quería que todos pensaran que yo estaba perdiendo la razón.

—¿Cómo descubriste todo esto?

Tobías miró hacia el río.

—Porque llevaba años investigándolo.

Después sonrió con tristeza.

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