PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

—Todavía no podemos asegurarlo.

Pero dos días después, llegó la primera prueba.

Una cámara de seguridad había captado a Brandon y Gretchen comprando equipo para la excursión.

No era suficiente.

Luego apareció una segunda.

Brandon había comprado una cuerda de seguridad, guantes térmicos y un localizador satelital.

Pero el localizador nunca fue activado.

Daniel miró la pantalla.

—¿Por qué llevaría un dispositivo de emergencia y no lo activaría?

Respondí:

—Porque no pensaba rescatarme.

El detective asintió.

La tercera prueba llegó de un lugar inesperado.

El teléfono de Brandon.

No lo tenía la policía.

Lo tenía Gretchen.

Y ella acababa de cometer un error.

Le envió un mensaje a Brandon:

“¿Cuándo podremos cobrar?”

Daniel consiguió una orden judicial.

El mensaje fue recuperado.

Pero había más.

Gretchen también había escrito:

“Espero que nadie encuentre el cuerpo.”

Sentí un escalofrío.

Daniel cerró la computadora.

—Ahora sí tenemos algo.

Pero yo todavía no estaba satisfecha.

—Quiero que él crea que ganó.

Daniel me miró.

—Eso puede ser peligroso.

—No quiero acercarme a él.

—Entonces, ¿qué quiere?

Miré mi reflejo en la ventana.

Mi rostro había cambiado.

Yo también.

—Quiero que hable.

Y así nació el plan.

Mi familia recibió la noticia de mi muerte.

No de mi supervivencia.

Mi madre lloró por teléfono.

Mi padre organizó el funeral.

Brandon hizo exactamente lo que esperábamos.

Apareció vestido de negro.

Y no estaba solo.

Gretchen permaneció junto a él.

La misma mujer que había preguntado si yo estaba muerta ahora fingía llorar frente a mi fotografía.

Daniel consiguió las imágenes de seguridad.

Las vi desde una habitación protegida.

Brandon se acercó al ataúd vacío.

Apoyó una mano sobre la tapa.

Luego bajó la cabeza.

Para cualquiera que lo observara, parecía un esposo devastado.

Pero yo conocía aquella postura.

Era la misma que usaba cuando negociaba.

La misma expresión tranquila.

La misma calma calculada.

Entonces ocurrió algo que no esperaba.

Mi padre se acercó a él.

—Brandon.

Mi marido levantó la cabeza.

—Lo siento mucho, señor.

Mi padre lo miró fijamente.

—Ella confiaba en ti.

Brandon tragó saliva.

—Yo también la amaba.

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