PARTE 2: LOS HIJOS QUE ME OCULTARON DURANTE TRES AÑOS

Cassandra apretó los labios.

—Me dijo que tú no querías verme.

Fruncí el ceño.

—Eso es imposible.

—Eso pensé.

Pasó una página.

Había una captura de un correo electrónico.

Mi nombre.

Mi cuenta.

Una respuesta enviada desde mi dirección.

“Cassandra, no vuelvas a contactarme. Tomé una decisión. Mi vida está en otra dirección.”

Me quedé congelado.

Yo nunca escribí eso.

Nunca.

—Esto es falso.

—Lo sé.

—¿Cómo?

Cassandra miró hacia la ventana.

—Porque después de recibir ese mensaje fui a tu oficina.

—¿Fuiste?

—Sí.

—¿Por qué no me encontraste?

Su silencio fue la respuesta.

Entonces lo entendí.

Alguien había construido una pared entre nosotros.

Y yo había sido demasiado orgulloso para derribarla.

Tres años atrás, cuando Cassandra desapareció, yo había pensado que finalmente había elegido irse.

Recuerdo aquella noche.

La llamé veinte veces.

No respondió.

Fui a su departamento.

Estaba vacío.

Su vecina me dijo que se había mudado.

Yo asumí lo peor.

Pensé que había encontrado a alguien más.

Pensé que había decidido que mi obsesión por el trabajo era demasiado.

Pero ahora tenía frente a mí la verdad.

Mientras yo creía que ella me abandonaba…

Ella estaba intentando decirme que iba a ser padre.

—¿Por qué nunca me buscaste después?

La pregunta salió más dura de lo que quería.

Cassandra cerró los ojos.

—Porque tu madre me encontró antes.

El aire cambió.

—¿Mi madre?

Asintió.

—Fue a verme al hospital.

Sentí una presión en el pecho.

—¿Qué hizo?

Cassandra miró a Lucas y Violet.

Los niños estaban entretenidos con una película en una pequeña pantalla del avión.

Luego volvió a mí.

—Me ofreció dinero.

No dije nada.

—Mucho dinero.

Mi mandíbula se tensó.

—¿Para qué?

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