«Necesito compañía para una cena. No es nada romántico. Solo quiero cerrar un capítulo pendiente.»
Daniel aceptó sin dudarlo.
La noche del enfrentamiento silencioso
Llegado el viernes, Rachel se vistió con un vestido negro sencillo, maquillaje discreto y una serenidad que sorprendió a ella misma. Al llegar al restaurante, el personal la condujo hasta la mesa acordada, justo al lado de la que ya ocupaba su esposo.
Allí estaba Mark, elegantemente vestido, cenando frente a una mujer al menos ocho años menor que Rachel. La joven lo miraba con evidente devoción, rozaba su mano al brindar y le susurraba palabras cariñosas que apenas atravesaban el vidrio divisorio.
Rachel se sentó con naturalidad. Daniel le sirvió una copa de vino y comentó con una sonrisa cordial:
«Hace años que no compartíamos una cena. No has cambiado nada, sigues siendo fuerte y radiante.»El momento en que las miradas se cruzaron
Fue entonces cuando Mark levantó la vista. Sus ojos se congelaron. La copa tembló en su mano y sus labios se abrieron sin poder pronunciar palabra alguna. El color desapareció de su rostro. La joven que lo acompañaba, desconcertada, siguió la dirección de su mirada y se topó con la sonrisa serena de Rachel al otro lado del cristal.