El desconocido me pidió que fingiera estar dormida sobre su hombro durante el vuelo… pero, cuando aterrizamos, descubrí que era uno de los multimillonarios más influyentes de Estados Unidos. Y mi exmarido ya me estaba buscando.

Parecía tener unos treinta y ocho años. Llevaba una impecable camisa blanca bajo una chaqueta azul marino. La barba estaba perfectamente recortada, pero en sus ojos había el cansancio de un hombre que llevaba demasiado tiempo sin dormir tranquilo.

—Gracias —susurró Blaire.

—No ha sido nada.

Él le tendió la mano.

—Luca.

—Blaire.

No flirteó.

No le hizo preguntas incómodas.

Simplemente la ayudó con el carrito, recogió el juguete de Fiona cuando se cayó y dobló una servilleta formando figuras absurdas hasta conseguir que la niña se echara a reír.

Por primera vez en varios días, Blaire sintió que podía respirar.

El avión iba lleno de turistas, estudiantes, viajeros de negocios y familias.

Al cabo de un rato, Blaire empezó a notar algo extraño.

Varios pasajeros miraban furtivamente a Luca.

Un joven sentado al otro lado del pasillo levantó el teléfono como si estuviera grabando por la ventanilla.

Dos chicas susurraban mientras se giraban una y otra vez para observarlo.

Luca permanecía quieto, pero su mandíbula se tensó.

Entonces se inclinó hacia Blaire.

—¿Puedo pedirte un favor bastante raro?

Ella frunció el ceño.

—¿Qué clase de favor?

Los ojos de Luca se desviaron hacia el pasillo y después hacia el teléfono del joven.

—¿Podrías fingir que te has quedado dormida sobre mi hombro?

Blaire estuvo a punto de reírse.

—¿Qué?

—Sé cómo suena —dijo en voz baja—. Pero están intentando grabarme. Si creen que solo somos una familia agotada viajando con una niña, quizá pierdan el interés.

Blaire sabía que debería negarse.

Acababa de escapar de una traición.

Estaba sola con su hija.

Confiar en un desconocido no tenía ningún sentido.

Pero algo en la expresión de Luca la detuvo.

No era arrogancia.

No era manipulación.

Era agotamiento.

Y un miedo silencioso que parecía dolorosamente auténtico.

Así que Blaire acomodó con cuidado a Fiona entre sus brazos y apoyó la cabeza sobre el hombro de Luca.

El efecto fue inmediato.

El joven bajó el teléfono.

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