—¿Qué?
Cass dejó el bolígrafo.
—Que nunca preguntaste cuánto me habías hecho daño.
Owen cerró los ojos.
Por primera vez, parecía comprenderlo.
Pero ya era demasiado tarde.
Epílogo
Un año después, Cassandra Monroe caminaba por el pasillo de una pequeña empresa tecnológica que había adquirido durante la crisis.
No llevaba guardaespaldas.
No necesitaba demostrar nada.
Su nombre ya no era un secreto.
Tampoco intentaba esconder su fortuna.
Había aprendido que esconderse para descubrir quién la quería de verdad también podía convertirse en otra forma de prisión.
Sobre su escritorio había una fotografía.
No era de su boda.
Era una fotografía de ella misma, tomada la mañana después de abandonar aquella casa.
Tenía el labio herido.
Los ojos cansados.
Y una pequeña maleta en la mano.
Cass conservaba aquella fotografía por una sola razón.
Para recordar a la mujer que había tenido suficiente valor para marcharse.
Una asistente llamó a la puerta.
—Señora Monroe, el nuevo director de Price Dynamics está aquí. Quiere hablar con usted sobre la adquisición.
Cass miró el reloj.
—Que pase.
La puerta se abrió.
Era un hombre joven que llevaba una carpeta.
—Señora Monroe.
—Siéntese.
Él dejó los documentos sobre la mesa.
—Tenemos una pregunta sobre la oferta.
Cass abrió la carpeta.
—¿Cuál?
—¿Por qué quiere salvar una compañía que casi destruyó su antiguo marido?
Cass sonrió ligeramente.
—Porque una empresa no es la persona que la dirige.
Pasó la primera página.
—Y porque las personas que trabajan allí no deberían pagar por los errores de un hombre.
El hombre asintió.
Cass volvió a mirar los documentos.
Esta vez, sin miedo.
Sin secretos.
Sin Owen.
Había perdido un matrimonio.
Pero había recuperado algo mucho más importante.
Su propia vida.
Y esta vez, nadie iba a decirle cuál era su lugar.