Luego otro.
Y otro.
Quejas internas.
Amenazas.
Mensajes de empleados que habían renunciado.
Una antigua asistente había escrito que Owen la había humillado delante de todo el departamento.
Un antiguo director financiero había señalado que Owen había presionado al equipo para ocultar pérdidas.
Owen levantó la mirada.
—¿De dónde sacaste esto?
—De una auditoría independiente.
—Eso es confidencial.
—Precisamente por eso hicimos la auditoría.
El abogado de Owen comenzó a revisar los documentos.
Su rostro cambió.
—Owen…
—¿Qué?
—Tenemos que hablar en privado.
Cass cerró la carpeta.
—La reunión terminó para ustedes.
Owen la miró.
—No puedes destruir mi empresa.
Cass negó con la cabeza.
—No necesito destruirla.
Se levantó.
—Solo necesito decidir si merece ser salvada.
Capítulo 3 — La llamada de Lorraine
A las once y doce de la mañana, el teléfono de Cass vibró.
Lorraine.
Cass observó la pantalla durante varios segundos.
Finalmente contestó.
—¿Sí?
—¿Dónde estás?
Cass guardó silencio.
—Owen lleva toda la mañana intentando localizarte.
—Lo sé.
—¿Qué demonios hiciste?
Cass cerró los ojos.
—¿Perdón?
—Él dice que tú eres la responsable de que los inversionistas estén cuestionando la empresa.
—No soy responsable de sus decisiones.
—Eres su esposa.
Cass miró el anillo de bodas que había dejado en aquella casa.
—No.
Lorraine se quedó callada.
—Ese matrimonio terminó cuando su hijo decidió levantarme la mano.
—Cass…
—No me llames así como si fuéramos amigas.
—Fue un momento de ira.
—Un momento de ira revela mucho.
—Eres demasiado orgullosa.
Cass sonrió con tristeza.
—Y usted me llamó sirvienta tres horas después de mi boda.
Silencio.
—Nunca olvidaré eso —dijo Cass.
Lorraine bajó la voz.
—¿Quién eres realmente?
Cass miró por la ventana de su oficina.
El río reflejaba la luz de la tarde.
—Alguien a quien usted nunca se molestó en conocer.
Y colgó.
Capítulo 4 — El precio de la verdad
Durante las siguientes semanas, la vida de Owen comenzó a desmoronarse.
No de golpe.
Eso habría sido demasiado fácil.
Primero perdió la ronda de financiación.
Después, dos de sus principales clientes suspendieron los contratos mientras revisaban la situación.
El consejo de administración contrató a una firma externa para investigar las acusaciones.
Finalmente, Owen tuvo que dejar temporalmente su puesto como director ejecutivo.
Pero Cass no celebró ninguna de esas cosas.
Una noche, su abogado entró en su despacho.
—Tenemos noticias.
Cass levantó la vista.
—¿Buenas o malas?
—Complicadas.
Le entregó una carpeta.
—Owen quiere negociar el divorcio.
Cass soltó el aire lentamente.
—¿Qué quiere?
—Dice que renunciará a cualquier reclamación sobre tus bienes si retiras las acciones legales relacionadas con el incidente.