—El que la Iglesia intentó enterrar durante más de un siglo.
—¿Qué hay detrás de la puerta?
La superiora miró hacia el fondo de la habitación.
Allí había otra puerta.
Más grande.
Más antigua.
Y completamente cubierta de símbolos.
—No hay nada detrás de esa puerta.
Fonseca frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué la protegen?
La superiora respondió:
—Porque hay algo delante.
Un ruido profundo estremeció el suelo.
Las mujeres de las camas comenzaron a rezar.
Todas al mismo tiempo.
Camilo miró hacia la puerta.
—Doctor…
Algo estaba respirando del otro lado.
Una respiración enorme.
Lenta.
Pesada.
Fonseca comprendió entonces el verdadero significado del mensaje.
“AHORA YA SABEN DÓNDE ESTÁ LA PUERTA.”
No hablaba de la puerta del convento.
Hablaba de aquella.