El Secreto del Convento

—¿Están enfermas?

—No.

Entonces vio las paredes.

Estaban cubiertas de nombres.

Miles de nombres.

Y junto a cada nombre había una fecha.

Fonseca reconoció algunos.

Eran nombres de mujeres reportadas como desaparecidas durante décadas.

Camilo comenzó a temblar.

—¿Qué es este lugar?

Una voz respondió desde la oscuridad.

—El lugar donde guardamos a las que todavía recuerdan.

Ambos se giraron.

La Madre Superiora estaba detrás de ellos.

Una mujer alta, de rostro sereno.

Tenía aproximadamente sesenta años.

Pero sus ojos parecían mucho más antiguos.

—¿Dónde está María Inés? —preguntó Fonseca.

La superiora sonrió.

—Nunca estuvo muerta.

—La encontramos en la morgue.

—No.

La sonrisa desapareció.

—Encontraron una de sus pieles.

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