Mi hermana gemela falleció en un accidente de coche hace diez años. El lunes pasado, mi dentista me llamó y me pidió que fuera a recogerla.

Clara y yo no retomamos la conversación donde la habíamos dejado.

No había ninguna relación antigua esperándonos para reavivarla.

Durante diez años se transformó en una persona que yo no conocía.

Me llevó diez años aprender a vivir sin ella.

Ahora teníamos que volver a encontrarnos.

Estas no son dos mitades idénticas.

Esto no es lo que uno esperaría de gemelos que desean lo mismo.

Solo Sarah.

Solo Clara.

Dos mujeres completamente diferentes que llevaban dos bolsos completamente diferentes.

Y por primera vez en nuestras vidas, ninguno de los dos tuvo que desaparecer para que el otro existiera.

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