El coronel bajó lentamente la mirada.
Por primera vez en muchos años, no encontró ninguna respuesta.
Permaneció inmóvil y en silencio mientras todos los soldados observaban.
Y en ese instante, muchos comprendieron que la verdadera fortaleza no nace del rango, del poder ni del miedo.
La verdadera fortaleza consiste en conservar la dignidad, incluso cuando alguien intenta arrebatártela.