“¿Qué?”
Diego levantó uno de los documentos.
“Esta autorización contiene una firma falsificada.”
Rodrigo se volvió inmediatamente hacia su padre.
“Me dijiste que todo era legal.”
El rostro de Federico se tensó.
“Te dije que funcionaría.”
Teresa retrocedió.
“Federico…”
Pero Diego no había terminado.
“Hay más.”
Abrió otra carpeta que había traído consigo.
“Revisamos varias transferencias vinculadas a las cuentas que Rodrigo abrió durante el proceso.”
Rodrigo lo miró fijamente.
“¿Cómo conseguiste eso?”
Diego sonrió levemente.
“Nunca se debe dar por sentado que una familia adinerada no audita actividades financieras inusuales.”
Luego miró a Federico.
“Y encontramos las cuentas de Panamá y Suiza.”
Teresa se giró lentamente hacia su marido. ContrataciónUn organizador de bodas profesional
“¿Qué cuentas?”
Federico no dijo nada.
La expresión de Rodrigo cambió.
¿De qué está hablando?
Valeria observó cómo las tres personas que se habían presentado como una familia perfecta comenzaban a atacarse entre sí.
Y de repente se dio cuenta de que su traición era mucho más profunda de lo que ella misma había imaginado.
—Federico —dijo Rodrigo lentamente—, ¿qué cuentas?
Su padre permaneció en silencio.
Ese silencio lo decía todo.
Diego colocó varios documentos sobre la mesa.
“Estas cuentas se abrieron hace meses.”
Rodrigo cogió una de las páginas.
Su expresión se endureció.
Las cuentas no estaban a su nombre.
Pertenecían a empresas controladas por Federico.
Rodrigo levantó la vista.
“¿Planeabas quedarte con el dinero tú mismo?”
Federico finalmente perdió la paciencia.
“Yo contraté a los abogados. Yo creé la estructura. Yo me encargué de los contactos. ¿De verdad creías que hice todo eso para que te quedaras con todo?”
Rodrigo lo miró fijamente.
“Dijiste cincuenta-cincuenta.”“Dije lo que tenía que decir.”
Incluso Teresa parecía atónita.
“Nunca me hablaste de cuentas separadas.”
Federico se volvió hacia ella.
“No tenías por qué saberlo.”
La familia que había pasado meses conspirando en secreto contra Valeria ahora se derrumbaba bajo el peso de su propia avaricia.
Rodrigo arrojó los documentos sobre la mesa.
“Me utilizaste.”
Federico se rió.