—La sangre da parentesco, Mariana. La familia verdadera se construye con presencia, límites y respeto.
Miré a mis hijos, a Daniel sentado a cierta distancia, a Claudia sirviendo el ponche y a aquella silla vacía. Entonces entendí que una familia no se rompe cuando alguien denuncia una injusticia. Se rompe mucho antes, cada vez que todos callan para que el culpable siga cómodo.