—Ahora lo sé.
—Entonces, ¿por qué me dejaste?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Porque pensé que era lo que tú querías.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
Entonces entendí.
Mi padre había manipulado la situación.
Yo había creído que Mark no quería acompañarme en mi futuro.
Mark había creído que yo quería que se marchara.
Y ninguno de los dos supo la verdad.
—¿Emily…? —susurré.
Mark cerró los ojos.
—Sí.
Me quedé mirando a mi hija al otro lado del salón.
—¿Tú sabías que era su padre?
—No al principio. Cuando conocí a Emily, no tenía idea de quién era. Ella me dijo su nombre y me habló de ti como su madre, pero nunca pensé que fueras tú.
—¿Cuándo lo descubriste?
—Hace seis meses.
Sentí un escalofrío.
—¿Y no me lo dijiste?
—Porque primero necesitaba estar seguro. Hice una prueba de ADN.
Sacó un sobre de su bolsillo.
—Soy su padre biológico.
No pude hablar.
Toda mi vida acababa de cambiar en unos minutos.
—Entonces no puedes casarte con ella —dije finalmente.
Mark negó con la cabeza.
—No.
Miré hacia la pista de baile.
—¿Se lo dijiste?
—Todavía no.
—¿Por qué?