—Tomé una mala decisión, Emily. Pensé que podría encargarme de todo yo solo. Pero tengo miedo de que ocurra algo esta noche.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Recordé la llamada telefónica, las cortinas cerradas y el hecho de que papá no me había permitido volver sola de la escuela durante varios días. A las once y media, escuchamos un ruido abajo. Alguien abrió lentamente la puerta de la cocina.
Salté del sillón. Papá me agarró inmediatamente de la mano y se llevó un dedo a los labios. Entonces las luces de un vehículo atravesaron la ventana. Alguien llamó tres veces a la puerta principal. Papá palideció.
—Quédate aquí —dijo.
No quería dejarlo ir, pero salió de la habitación y cerró la puerta del dormitorio detrás de él. Al principio escuché susurros abajo, seguidos de unos pasos pesados. Alguien estaba subiendo por las escaleras. El picaporte comenzó a moverse.