SU HIJO DE 4 AÑOS LO LLAMÓ LLORANDO: “PAPÁ, EL NOVIO DE MAMÁ ME PEGÓ CON UN BAT”… PERO EL TÍO LLEGÓ ANTES QUE LA POLICÍA

—¿Dónde está Mateo?

Raúl no apartó la mirada del hombre.

—Atrás de la mesa. Iván todavía tiene el bat.

Lorena palideció.

—Iván, bájalo.

—El chamaco estaba haciendo berrinche. Alguien tenía que enseñarle.

Entonces Mateo dijo una frase que destrozó lo poco que quedaba en pie:

—Mamá… él dijo que tú ya sabías que me castigaba así.

PARTE 2

Lorena se quedó inmóvil en la entrada. Las naranjas que habían rodado desde una bolsa golpearon suavemente la pared, una tras otra, en medio de un silencio que parecía imposible.

—Eso no es cierto —murmuró ella.

Iván sonrió con desprecio.

—Claro que sabías que el niño necesitaba disciplina.

Raúl dio 1 paso hacia Mateo, despacio, sin quitarle los ojos de encima al bat.

—Mateo, no mires a Iván. Mira a tu tío. Camina hacia mí.

El pequeño salió de detrás de la mesa con el brazo izquierdo pegado al pecho. Tenía la cara mojada, un calcetín sucio y solo 1 tenis. Cada paso le dolía.

Iván levantó un poco el bat.

—El niño se queda aquí.

Raúl cambió de postura. No lanzó ningún golpe. Solo se colocó entre el hombre y Mateo.

—Inténtalo, güey.

Las sirenas se escucharon al final de la calle.

Iván miró la puerta, luego a Lorena y después al niño. Por primera vez pareció comprender que ya no controlaba la escena.

Soltó el bat.

Cuando los agentes de la SSC entraron, Raúl levantó las manos y señaló el arma en el piso.

—Menor lesionado. El agresor es él.

Mateo se aferró a la pierna de su tío. Lorena intentó acercarse, pero el niño retrocedió.

Ese movimiento la quebró.

Gabriel llegó minutos después. Vio las patrullas, las luces rojas y azules reflejadas en las ventanas, a los vecinos mirando desde las banquetas y a Lorena sentada en el escalón con una cobija sobre los hombros.

Raúl sostenía a Mateo.