La pantalla estaba agrietada, pero funcionó.
Había grabaciones de audio.
En la primera, Arthur y Vanessa hablaban en la cocina.
La voz de Arthur era clara:
—El médico sigue diciendo que es ansiedad.
Vanessa respondió:
—Entonces sigue dándole la mitad de la dosis. Si aumentas demasiado, alguien podría revisar la sangre.
—¿Cuánto falta?
—Depende de su cuerpo. Pero no llegará a fin de año.
Tuve que detener la reproducción.
Rachel se cubrió los oídos.
April empezó a llorar.
Lucy no.
Seguía mirando la pantalla con aquella calma imposible.
—¿Cuántas veces escuchaste esto? —pregunté.
—Muchas.
—No deberías haber tenido que hacerlo.
—Mamá dijo que las pruebas solo sirven si nadie puede decir que las imaginaste.
Aquella frase no pertenecía a una niña de doce años.
Pertenecía a una hija que había visto a su madre ser desacreditada durante meses.
Llamé a mi abogado antes que a la policía.
No porque quisiera ocultar nada.
Porque necesitaba asegurarme de que las pruebas fueran preservadas correctamente y de que Arthur no pudiera retirar a las niñas mientras se investigaba.
Mi abogado, Samuel Grant, llegó acompañado por una investigadora privada y una especialista en custodia infantil.
Revisaron la caja sin alterar los archivos originales.
Después llamamos a la policía de Savannah y a la fiscalía del condado.
Las niñas fueron entrevistadas por separado, con profesionales entrenados.
Yo permanecí cerca, pero no dentro de las habitaciones.
La investigación empezó esa misma noche.
La casa fue asegurada.
Los medicamentos del baño fueron recogidos.
El historial médico de Rose quedó bajo revisión.
También se solicitó una nueva autopsia.
Arthur regresó dos horas después.
Llegó con Vanessa.
Ambos bajaron de la camioneta riendo.
La sonrisa desapareció cuando vieron las patrullas.
Arthur entró exigiendo saber quién me había dado permiso para estar en su propiedad.
Un detective se interpuso.
—Señor Lawson, necesitamos hablar con usted.
—¿Sobre qué?
—La muerte de su esposa.
Vanessa miró hacia el segundo piso.
Después vio la tabla retirada en el armario de April.
Su rostro cambió.
Arthur lo notó.