—Sí.
—¿Y aun así aceptaron que nos casáramos?
Jonah tardó varios segundos en responder.
—Porque pensaban que jamás descubriríamos la verdad.
—¿Por qué?
Él deslizó hacia mí el último documento que quedaba en la caja.
Era un testamento firmado por su abuelo apenas unas semanas antes de morir.
Leí la última cláusula…
Y sentí que la sangre se helaba.
“Si se demuestra la inocencia de Jonah Harrison y aparece la hija del antiguo contador de la fundación, toda la fortuna personal del fundador dejará de pertenecer a la familia Harrison y pasará, por partes iguales, a Jonah y a la heredera de Samuel Carter.”
Samuel Carter.
Mi padre.
Levanté lentamente la vista.
—Entonces…
Jonah asintió con tristeza.
—No solo me robaron doce años de vida.
Hizo una pausa antes de añadir:
—También intentaron borrar tu existencia… porque tú eras la única persona capaz de destruir el imperio que construyeron sobre una mentira.
En ese instante sonó el timbre de la puerta.
Jonah miró por la mirilla.
Su rostro perdió todo el color.
Afuera estaban su madre… y cuatro hombres de traje.
Uno de ellos sostenía un maletín.
El otro… una orden judicial con nuestros nombres.