—Tu padre trabajaba para mi abuelo.
Las palabras apenas salían de su boca.
—Cuando descubrió que varios directivos estaban desviando millones de dólares de la fundación Harrison, reunió todas las pruebas para denunciarlos.
Mi respiración se aceleró.
—Mi madre siempre dijo que mi padre murió en un accidente…
Jonah bajó la mirada.
—No fue un accidente.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Qué estás diciendo?
—La noche antes de entregar las pruebas, hubo un incendio en su oficina. Él murió… y todos los documentos desaparecieron.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
—No…
—Mi abuelo protegió a los verdaderos responsables para evitar un escándalo que destruyera el apellido Harrison.
Miré la fotografía otra vez.
Aquella mujer que sostenía mi mano…
—¿Quién era ella?
Jonah respondió casi en un susurro.
—Mi tía.
Se hizo un silencio insoportable.
—Ella fue quien te rescató del incendio cuando eras una niña. Después te entregó a unos familiares porque pensó que así estarías a salvo.
No podía dejar de temblar.
Toda mi vida había creído que el destino me había llevado hasta Jonah.
Pero no había sido el destino.
Había sido una historia enterrada durante más de dos décadas.
Entonces recordé algo.
Miré fijamente a Jonah.
—Espera… si tu familia sabía quién era yo…
Él cerró los ojos.