Le Dijo Que Criara Al Bebé Sola… Pero 18 Meses Después Vio A Los 3 En El Aeropuerto Y Se Le Cayó El Mundo

Y Santiago no estuvo en nada.

Ahora él miraba a los niños como si entendiera demasiado tarde que no había perdido una obligación, sino una vida completa.

El niño en brazos de Mariana extendió una manita hacia él.

Santiago se quebró.

—Mariana… yo no sabía.

Ella casi soltó una risa amarga.

—No. No sabías.

La niña del suéter amarillo tiró de su pantalón.

—¿Tú eres mi papá?

Santiago abrió la boca, pero antes de responder, una voz femenina gritó desde el otro lado de la terminal:

—¡Santiago!

Mariana volteó.

Una mujer elegante venía corriendo entre la gente, con tacones imposibles para un aeropuerto y el rostro blanco de miedo.

Cuando vio a los 3 niños, se detuvo en seco.

No pareció sorprendida.

Pareció reconocerlos.

Y entonces dijo algo que heló la sangre de Mariana:

—No me digas que son ellos.

PARTE 2

Santiago cerró los ojos como si esa frase le hubiera abierto una tumba.

Mariana apretó más fuerte al niño contra su cadera.

—¿Ellos? —preguntó.

La mujer respiraba rápido. Llevaba un abrigo beige, lentes oscuros en la cabeza y un bolso de marca que parecía recién comprado, pero sus manos temblaban como si viniera cargando algo mucho más pesado.

—No aquí, Valeria —dijo Santiago.

Su voz intentó recuperar el mando de siempre.

Pero Mariana ya no era aquella mujer que lloraba en silencio en una cocina.

Después de criar 3 bebés sola, ningún tono de empresario podía asustarla.

—Sí —dijo ella—. Aquí. Porque si esta señora sabe algo de mis hijos, yo lo voy a escuchar ahora mismo.

Valeria la miró.

En sus ojos no había celos.

Había culpa.

—Yo trabajaba con Santiago —dijo—. Era su asistente ejecutiva.

—Valeria… —advirtió él.

Ella lo ignoró.

—Y fui su prometida durante 6 meses.

Mariana sintió un golpe seco en el estómago, pero no bajó la mirada. No le dolía que Santiago hubiera seguido con su vida. Le dolía que esa mujer mirara a sus hijos como si ya hubiera escuchado hablar de ellos.

—¿Por qué dijiste “ellos”? —preguntó Mariana.

Valeria abrió el bolso con manos torpes y sacó un sobre doblado, maltratado de las esquinas.

Mariana dejó de respirar.

Reconoció su propia letra.

Era el sobre que había dejado en la recepción de la torre Armenta, en Reforma, 2 semanas después de descubrir que esperaba trillizos. Adentro iban una ecografía, una carta y una frase que escribió llorando:

“No es 1 bebé, Santiago. Son 3. Todavía puedes decidir qué clase de hombre quieres ser”.

Nunca recibió respuesta.

Durante 18 meses creyó que él había leído la carta y la había tirado como se tira un recibo viejo.

Valeria sostuvo el sobre frente a ella.