—Usted tiene cara de aguacate podrido.
Marisol casi se tropieza del susto.
Desde el comedor, Rodrigo escuchó todo.
No dijo nada.
Solo volvió el rostro hacia la silla vacía del fondo.
Y por primera vez en años, sintió que algo dentro de esa casa acababa de despertar.
PARTE 2
Al día siguiente, Valentina no apareció en la cena.
Rodrigo estaba sentado en su lugar de siempre, con el vaso a la derecha, el bastón recargado junto a la silla y el plato servido a la temperatura exacta.
Esperó.
Primero 5 minutos.
Luego 10.
A los 15, dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Julián.
—Sí, señor.
—¿Dónde está la niña?
El mayordomo respiró hondo.
—En la cocina, señor.
—¿Está enferma?
—No, señor.
—Entonces, ¿por qué no vino?
Julián guardó silencio unos segundos.
—Creo que alguien le hizo entender a su mamá que no debía acercarse al comedor.
Rodrigo levantó el rostro.
—Mauricio.
No fue una pregunta.
Julián no respondió.
No hacía falta.
Rodrigo pidió que llamaran a Marisol.
Ella llegó con el mandil húmedo, las manos apretadas y la mirada clavada en el piso.
—Señor, si mi niña se portó mal, le prometo que no vuelve a pasar. Yo necesito el trabajo. No quise faltarle al respeto.
—¿Quién dijo que me faltó al respeto?
Marisol tragó saliva.
—Nadie, señor.
—Marisol, estoy ciego. No estoy muerto ni menso.
Ella apretó los labios.
—El licenciado Mauricio dijo que debía recordar mi lugar.
Rodrigo sintió que una rabia vieja le subía por el pecho.
—¿Y cuál es su lugar?
Marisol no supo qué contestar.
—Mi lugar es trabajar sin causar problemas.
—No. Su lugar es donde no la humillen.
La frase la dejó inmóvil.
Esa noche, Rodrigo pidió que Valentina cenara con él.
La niña apareció escondida detrás de las piernas de su mamá.
—¿Ya no me van a regañar?
Rodrigo empujó con cuidado la silla frente a él.
—Esa silla estaba esperando.
Valentina corrió, se trepó y puso sobre la mesa un limoncito envuelto en servilleta.
—Lo traje por si la sopa sale triste.
Julián se volteó para no reírse.
Desde ese día, la casa empezó a cambiar.
No de golpe.
No como telenovela de las 9.
Cambió en cosas pequeñas.
Un plato extra.
Una risa en la cocina.