Ethan cerró los ojos.
—Mi abuelo dejó una cláusula en su testamento. Si yo no me casaba antes de cumplir treinta y cinco años, perdería el control del Harrison Group. Toda la empresa pasaría a manos del consejo de administración… y mis padres perderían el poder.
Sentí un escalofrío.
—¿Entonces…?
—Ellos necesitaban que me casara cuanto antes.
Pasé la siguiente página.
Había otra cláusula.
“La esposa legal heredará la mansión y un fideicomiso de dos millones de dólares únicamente si el matrimonio permanece vigente durante doce meses.”
Me quedé sin palabras.
—¿Me compraron?
Ethan respondió con una voz rota.
—No.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Te eligieron porque sabían que eras la única persona que me trataba como un ser humano… y pensaron que jamás sospecharías de ellos.
Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro.
Todo había sido planeado.
La boda.
La mansión.
Los regalos.
Las fotografías.
Todo.
—¿Tú aceptaste esto?
Él tardó varios segundos en contestar.
—Acepté porque amenazaron con despedir a tu madre y quitarle el seguro médico que la empresa pagaba desde hacía años.
Sentí que el mundo se derrumbaba.
Mi madre…
Habían usado su salud para obligarlo.
Respiré profundamente.
Luego rompí el contrato en dos.