Con ese dinero compraron departamentos en Querétaro, joyas en Masaryk, una camioneta blindada y una casa de descanso en Valle de Bravo.
El monto era de $4.8 millones de dólares.
Y lo más grave era que Santiago había falsificado la firma electrónica de Valeria para autorizar varios pagos.
Ella había rastreado cada movimiento.
Cada cuenta.
Cada factura.
Cada prestanombre.
Daniela envió la evidencia al consejo de administración, al banco y a la fiscalía especializada en delitos financieros.
A la 1:17 a.m., el consejo votó por suspender a Santiago de su cargo.
A la 1:31 a.m., el banco congeló las cuentas corporativas relacionadas con los proveedores sospechosos.
A la 1:46 a.m., un juez autorizó revisar su computadora, su celular y las oficinas de Grupo Ibarra.
Santiago empezó a gritar desde el pasillo.
—¡No pueden hacerme esto! ¡Esa empresa es mía!
Valeria lo escuchó desde la camilla.
No sonrió.
No celebró.
Solo respiró.
Porque sobrevivir también duele.
A las 2:10 a.m., llegó Doña Teresa con lentes oscuros, uñas rojas y un collar que brillaba demasiado para una sala de urgencias.
Entró haciendo escándalo.
—¿Dónde está mi hijo? ¿Qué le hicieron a mi muchacho?
Cuando vio a Valeria detrás del cristal, la señaló con odio.
—Esa mujer siempre fue una víbora. La sacamos de quién sabe dónde y miren cómo paga.
Rodrigo abrió la puerta.
—Señora, su hijo está detenido por atacar a mi hermana.
—¡A una esposa se le corrige en casa! —soltó ella, sin medir sus palabras.
El pasillo se quedó mudo.
Hasta la oficial levantó la mirada.
Doña Teresa entendió tarde lo que acababa de decir.
Daniela se acercó despacio.
—Y esos aretes, señora… ¿los compró usted o salieron de Materiales La Sierra, la empresa fantasma que aparece en 14 transferencias?
Doña Teresa tocó sus aretes por instinto.
Ese gesto la delató más que cualquier discurso.
2 detectives la invitaron a pasar a una sala aparte.
Ella empezó a insultar a Valeria, a decir que una mujer decente protege a su marido, que los trapitos sucios se lavan en casa, que la familia está por encima de la ley.
Rodrigo la miró con una rabia contenida.
—Usted no crió a un hombre. Crió a un verdugo con traje.
Esa frase corrió más tarde entre enfermeras, policías y abogados como si fuera pólvora.
Pero el verdadero golpe llegó al amanecer.
Daniela recibió una llamada del banco.
Habían encontrado una transferencia programada para las 8:00 a.m.
Santiago planeaba vaciar una cuenta de reserva de la empresa y mover el dinero a Panamá.
Pero no era solo dinero.
Junto con la transferencia había un correo programado desde la cuenta de Santiago.
Un correo dirigido a varios medios, socios e incluso familiares.
El mensaje decía que Valeria tenía una crisis mental, que estaba siendo manipulada por su hermano y que ella había robado fondos para fugarse.
Adjuntaba documentos falsos con su firma.
Santiago no quería solo golpearla.
Quería destruir su credibilidad antes de que pudiera hablar.
Valeria escuchó eso y por primera vez lloró.