Se sentó atrás con Mateo, Santiago y Lucía, y aplaudió cuando Mariana subió al escenario.
Al terminar, Lucía le preguntó:
—¿Tú y mi mamá se van a casar?
Sebastián miró a Mariana hablando con una alumna de 62 años.
—No lo sé.
—¿Todavía la quieres?
—Sí. Pero querer a alguien no significa que deba regresar contigo.
Lucía pensó unos segundos.
—Entonces tienes que portarte bien mucho tiempo.
Sebastián sonrió.
—Eso intento.
Mariana alcanzó a escuchar.
No corrió a sus brazos.
No olvidó el pasado.
Pero al salir permitió que Sebastián caminara junto a ellos.
Verónica había creído que una boda de lujo mostraría quién había ganado y quién había perdido.
Al final, la ceremonia reveló algo más incómodo:
Que una madre puede decir que protege a su familia mientras la destruye, que el silencio también es traición y que ningún apellido vale más que 4 años robados a 3 niños.