Vi con mis propios ojos a mi suegra, Carmen, tirar a la basura la mantita de mi bebé, Emiliano. Como si fuera un trapo viejo. En ese instante, supe que no era un gesto cualquiera.

Demasiado tranquilo.

Entonces su teléfono vibró sobre la barra de la cocina.

Por costumbre, él siempre lo dejaba desbloqueado.

Pero esa vez reaccionó como nunca antes.

Lo tomó de inmediato, giró la pantalla para que yo no pudiera verla y salió al balcón.

Solo alcanzaba a escuchar algunas palabras.

—…sí…

—No, todavía no.

—Mi mamá hizo lo que le pedí.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

¿Su mamá?

¿Carmen había tirado la mantita porque Alejandro se lo pidió?

Esperé unos minutos.

Cuando volvió a entrar fingí no haber escuchado nada.

Pero mi cabeza ya no dejaba de dar vueltas.

Esa noche, mientras Alejandro dormía profundamente, saqué la memoria microSD.

La introduje en mi computadora.

Durante unos segundos no apareció nada.

Luego se abrió una carpeta.

Solo tenía un nombre.

“SI ME PASA ALGO”

El corazón comenzó a golpearme el pecho.

Abrí el primer archivo.

Era un video.

Una mujer de unos cuarenta años apareció frente a la cámara.

Tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

—Si estás viendo esto… significa que Carmen finalmente encontró dónde escondí las pruebas…

Me quedé inmóvil.

La mujer respiró profundamente.

—Mi nombre es Lucía Serrano… y durante ocho años fui la pareja de Alejandro.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

No…