Y sí.
Usaba tacones rojos.
También llevaba un vestido beige, lentes oscuros sobre la cabeza y esa sonrisa de superioridad que había usado durante meses para intimidar a cualquiera que se interpusiera en su camino.
Cuando vio a Isabella sentada en la cabecera de la mesa, se detuvo.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó, mirando a Ethan.
Nadie contestó.
Isabella colocó una carpeta frente a cada consejero.
—Buenos días. Soy Isabella Monroe, presidenta del Fideicomiso Monroe y accionista mayoritaria de Monroe & Blake Holdings.
El rostro de Vanessa cambió.
No fue miedo inmediato.
Fue incredulidad.
Como si su mente no pudiera unir a la mujer sencilla del archivo con la dueña real del edificio.
—No… —murmuró.
Isabella la miró con calma.
—Sí.
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Ethan se sentó lentamente.
Vanessa buscó una silla, pero Isabella habló antes.
—Señorita Cole, usted no ha sido invitada como asistente ejecutiva. Ha sido citada por conflicto de interés, abuso laboral y presunto fraude corporativo.
Vanessa soltó una risa falsa.
—Esto es ridículo.
Isabella presionó un botón.
La pantalla de la sala se encendió.
Primero apareció el video de seguridad de la cocineta.
Todos vieron a Isabella tomar la botella. Todos vieron a Vanessa entrar. Todos escucharon claramente:
“¿Qué demonios haces tomando de la botella de mi esposo?”
Luego vino la bofetada.
El sonido llenó la sala.
Nadie habló.
Ethan cerró los ojos.
Isabella no apartó la mirada de Vanessa.
—Ayer usted agredió físicamente a una empleada temporal, o al menos eso creyó. La llamó “muerta de hambre” y afirmó que el señor Blake era su esposo. Después mintió diciendo que yo la había agredido.
Vanessa apretó los labios.
—Yo estaba alterada.
—Eso no es defensa. Es descripción.
Margaret Ellis bajó la vista a los documentos.
—¿Y las facturas?
Isabella pasó a la siguiente diapositiva.
Apareció un organigrama.
En el centro: Vanessa Cole.
A su alrededor: proveedores, familiares, contratos, pagos, autorizaciones internas.
Cole Executive Events LLC.
Cole Travel Solutions.
North Star Gifts.
B&C Strategic Consulting.
Cada línea llevaba montos, fechas y nombres.
—En los últimos diez meses —dijo Isabella—, compañías vinculadas directa o indirectamente a la señorita Cole recibieron pagos por un total de $1.84 millones de dólares. Varios servicios no tienen evidencia de entrega. Otros fueron inflados hasta ocho veces por encima del precio de mercado.
Un consejero golpeó la mesa con la palma.
—¿Quién autorizó esto?
Isabella miró a Ethan.
Todos lo miraron.
Ethan respiró hondo.
—Algunas autorizaciones pasaron por mi oficina.
—Todas las que aparecen en rojo tienen tu firma digital —dijo Isabella.
Vanessa perdió la compostura.
—¡Eso no prueba nada! Ethan confiaba en mí porque yo hacía el trabajo que todos ustedes eran demasiado lentos para hacer.
—No —dijo una voz desde la puerta.
Todos giraron.
Era Daniel Reyes, un exgerente de operaciones despedido tres meses antes.
Isabella lo había llamado esa mañana.
Daniel entró con una carpeta en la mano.
—Yo reporté esas facturas. Dos veces. La primera, Vanessa me amenazó con arruinar mi carrera. La segunda, el señor Blake firmó mi despido.
Ethan se puso de pie.
—Esto es una emboscada.
Isabella lo miró.
—No. Una emboscada fue meter a tu esposa como temporal para descubrir que la empresa de su padre estaba siendo saqueada.