Home Entertainment Game Technology “Mi suegra dijo: “Si vives aquí, paga todas las cuentas.” Sonreí y respondí: “Perfecto. Entonces regresaré a la casa que compré antes de casarme.” Mi esposo se puso pálido y preguntó: “¿Qué casa?” En ese instante entendí que me habían ocultado algo.”

—Que se moleste. Las mujeres como ella necesitan sentirse indispensables. Primero paga. Después firma.

Lucía se quedó inmóvil.

Andrés respondió:

—¿Y si no quiere poner su casa también a mi nombre?

Carmen soltó una risa seca.

—Para eso eres su esposo. Hazla sentir culpable. Dile que no confía en ti. Dile que una pareja comparte todo.

—Su casa vale mucho más de lo que dijo.

—Por eso mismo. Si esa propiedad entra al matrimonio, ustedes pueden pedir un crédito grande. Podemos arreglar esta casa, pagar tus deudas y respirar.

Lucía sintió frío en las manos.

Deudas.

Andrés nunca le había hablado de deudas.

La grabación siguió.

—¿Y si descubre lo de las tarjetas? —preguntó Andrés.

—No va a descubrir nada si haces bien las cosas.

Lucía escuchó los 18 minutos completos sentada en el piso.

Después los guardó en 3 lugares distintos.

A la mañana siguiente llamó a una abogada familiar en la Roma Norte.

—No firme nada —le dijo la licenciada Salvatierra después de escucharla—. No discuta sola. Saque documentos importantes. Y si puede, váyase antes de que intenten presionarla más.

Lucía volvió a casa con una calma que no sentía.

Subió a la recámara para buscar su pasaporte, sus escrituras y su acta de nacimiento.

El cajón estaba vacío.

Abrió el clóset.

Su maleta negra estaba sobre la cama.

Medio llena.

Con ropa doblada que ella no había tocado.

En el bolsillo lateral estaba su joyero.

Pero sus documentos no estaban.

Andrés apareció en la puerta.

Su cara ya no fingía ternura.

—Tenemos que hablar —dijo.

Detrás de él, en el pasillo, estaba Carmen con los brazos cruzados.

Lucía miró la maleta.

Luego miró a su esposo.

—¿Iban a sacarme de la casa?

Andrés bajó los ojos.

Y Carmen respondió por él: