Home Entertainment Game Technology Mi esposo subió a un vuelo hacia Cancún con su amante… sin imaginar que la esposa a la que despreciaba sería quien le serviría su venganza en primera clase.

Esta vez, no llevaba mi anillo de bodas.

Esta vez, al abordar el avión, no llevaba venganza.

Llevaba una fotografía.

Tras aterrizar, Daniel Mercer me recibió cerca de la aduana. Tomamos el ferry a Isla Mujeres bajo una puesta de sol púrpura amoratada.

La isla se sentía diferente a Cancún: más pequeña, más tranquila, llena de paredes pintadas y aire salino. Motos zumbaban por las calles estrechas. Perros dormían bajo las mesas. El café de Mara estaba cerca del agua, con las contraventanas azules abiertas al viento.

Una mujer de unos sesenta años estaba detrás del mostrador.

Daniel mostró su placa y la fotografía.

Su expresión cambió.

No era sorpresa.

Reconocimiento.

—¿Dónde está Elise? —preguntó con suavidad.

Mara me miró.

—¿Quién eres?

Tragué saliva.

—Valerie Carter.

El nombre fue suficiente.

La mirada de Mara se endureció.

—Eres su esposa.

—Sí.

Se apoyó en el mostrador como para no caerse.

Entonces, desde la trastienda, se oyó el crujido de una taza.

Una mujer apareció.

Delgada.

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