PARTE 2
Siete años después, aquella mañana seguía persiguiéndola.
Había construido una vida que parecía perfecta desde fuera. Un buen trabajo, un apartamento elegante y estabilidad económica. Pero cada aniversario de aquella noche, sacaba la nota del cajón donde la guardaba y volvía a leer las mismas palabras:
“Llámalo destino. No intentes encontrarme.”
Nunca lo hizo.
Hasta que el destino decidió encontrarla a ella.
Una tarde recibió una llamada inesperada de un prestigioso bufete de abogados de Nueva York.
—¿La señorita Elena Morales?
—Sí.
—Necesitamos que viaje lo antes posible. Usted figura en un expediente privado relacionado con el señor Richard Beaumont.
El nombre no le dijo nada.
—¿Quién es?
Hubo un silencio.
—Uno de los empresarios más importantes del país.
El corazón le dio un vuelco.
Dos días después estaba sentada en una sala de reuniones rodeada de abogados.
Entonces vio una fotografía.
Y el mundo pareció detenerse.
Era él.
Más viejo, con algunas canas, pero era el hombre del hotel.
El hombre que había desaparecido.
El hombre que le había dejado un millón de dólares.
—¿Dónde está? —preguntó con la voz temblorosa.
El abogado bajó la mirada.
—Falleció hace tres meses.
Sintió una extraña mezcla de alivio, tristeza y decepción.
Durante siete años había imaginado aquel encuentro.
Y ahora era imposible.
—Entonces… ¿por qué estoy aquí?
El abogado abrió una carpeta.
—Porque dejó instrucciones muy específicas para usted.
Dentro había una carta.
Con manos temblorosas rompió el sello.
La fecha era de siete años atrás.
Comenzó a leer.
“Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy aquí para explicarme personalmente.”
Las lágrimas comenzaron a acumularse.
“Aquella noche no fue como imaginas.”