Nunca le dije a mi suegra que yo era jueza. Para ella, yo solo era una esposa desempleada, una cazafortunas, una carga. Pero horas después de mi cesárea, entró a mi cuarto con papeles de adopción y me dijo: “Dale uno de los gemelos a mi hija… tú no puedes con 2.”

PARTE 2: —Esto es absurdo —dijo Mariana, aunque su voz ya no sonaba segura—. Ella está confundida por la anestesia. Yo solo vine a ayudar.
El comandante Medina no le quitó los ojos de encima.
—Señora, entregue al recién nacido.
—Soy su abuela.
—Es una persona no autorizada sosteniendo a un menor dentro de una unidad protegida.
Mariana abrió la boca, indignada.
—¿Unidad protegida? ¿De qué habla?
2 enfermeras entraron rápidamente. Una tomó a Leo con delicadeza y lo colocó junto a Luna. La otra revisó la herida de Valeria y frunció el ceño al ver la sangre manchando la venda.
—Necesito al médico aquí ya —dijo.
Mariana miró la escena como si el mundo se hubiera volteado contra ella.
—No saben con quién se están metiendo. Mi esposo financia medio hospital. Mi hijo es Sebastián Alcázar.
Valeria soltó una respiración temblorosa.
—Y yo soy Valeria Ortega, jueza de Distrito.
La frase cayó como piedra.
Mariana retrocedió un paso.
—No… Sebastián me dijo que habías dejado el despacho. Que estabas en casa porque no podías con la presión.
—Sebastián te dijo lo que tú querías escuchar.
En ese momento, la puerta volvió a abrirse.
Entró un hombre alto, de traje gris oscuro, con un portafolio de piel. Detrás de él venían 2 agentes del Ministerio Público Federal y una abogada del Consejo de la Judicatura.
El hombre se acercó a la cama.
—Jueza Ortega, soy el licenciado Adrián Salcedo. Activamos el protocolo en cuanto llegó la señal.
Mariana señaló a Valeria, desesperada.
—¡Ella me tendió una trampa!
Adrián no la miró.
Sacó una credencial institucional y la colocó sobre la mesa, junto a los papeles de cesión.
—Doña Mariana Alcázar, usted acaba de vulnerar una zona médica con resguardo federal. La jueza Ortega se encuentra bajo protección debido al juicio contra una red de lavado de dinero vinculada a desarrolladores inmobiliarios.
El apellido Alcázar pareció pudrirse en el aire.
Mariana se quedó rígida.