—Era el principal sospechoso.
La copa de champán casi se me resbaló de la mano.
Al otro lado del salón, Alejandro seguía sonriendo para las fotografías.
Parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—¿Qué pasó con la investigación?
—Desapareció.
—¿Desapareció?
—Archivos perdidos. Testigos que cambiaron versiones. Evidencia que dejó de existir de la noche a la mañana.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—¿Y por qué me cuentas esto ahora?
Adrián giró apenas la cabeza.
—Porque hace dos semanas alguien reabrió el caso.
En ese instante vi algo extraño.
Dos hombres con trajes oscuros acababan de entrar al salón.
No llevaban regalos.
No saludaban a nadie.
Simplemente observaban.
Y Alejandro los vio.
La sonrisa desapareció de su rostro por una fracción de segundo.
Solo una fracción.
Pero fue suficiente.
—Adrián…