Jake siguió leyendo.
Su expresión cambió.
Los mensajes eran inquietantes.
Derek había estado escribiéndole durante meses.
Manipulándola.
Convenciéndola de que Jake la abandonaría tarde o temprano.
Que no era suficientemente buena.
Que terminaría lastimada.
Que era mejor destruir la relación antes de que él lo hiciera.
—¿Qué demonios es esto? —preguntó Jake.
—Lo mismo que pensé yo.
Lynn apoyó los brazos sobre la mesa.
—Becca cometió el error de creerle.
Jake se quedó mirando los documentos.
De repente muchas cosas comenzaron a tener sentido.
Las dudas repentinas.
Las discusiones extrañas.
Los cambios de humor.
Las preguntas constantes sobre si él pensaba dejarla.
Todo.
—¿Ella sabe que encontraste esto?
Lynn negó con la cabeza.
—Todavía no.
El reloj de la cocina marcó las siete.
Y en ese momento se escuchó el sonido de un automóvil entrando al garaje.
Ambos levantaron la vista.
Becca había llegado.
Jake sintió cómo el corazón comenzaba a acelerarse.
No estaba preparado para verla.
No después de aquello.
La puerta se abrió.
Pasos.
Bolsas de supermercado.
Y luego apareció en la entrada de la cocina.
Becca se quedó inmóvil.
Jake estaba sentado frente a su madre.
El sobre seguía abierto sobre la mesa.
Y ella reconoció inmediatamente lo que había dentro.
El color desapareció de su rostro.
—Mamá…