El Secreto de Antonio: Me echó el día del funeral

Nunca imaginé que el peor día de mi vida pudiera empeorar.

Mi madre acababa de ser enterrada.

La lluvia golpeaba suavemente los ventanales de la pequeña iglesia mientras familiares y vecinos ofrecían sus condolencias. Yo apenas podía mantenerme en pie.

Había pasado los últimos seis meses cuidándola durante su enfermedad.

Había abandonado mi trabajo.

Gastado mis ahorros.

Dormido en una silla junto a su cama.

Y ahora ella ya no estaba.

Mientras observaba su fotografía rodeada de flores blancas, mi tío Antonio se acercó lentamente.

Era el hermano mayor de mi madre.

Siempre había sido un hombre serio, respetado por todos en el pueblo.

Pensé que venía a abrazarme.

Pero en lugar de eso me susurró al oído:

—Cuando termine esto, quiero que te vayas de la casa.

Lo miré sin entender.

—¿Qué?

—La casa era de tu madre. Ahora me pertenece a mí.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿De qué estás hablando?

Antonio sacó unos documentos doblados de su bolsillo.

—Ella me la dejó hace años.

No podía creerlo.

Aquella casa era el único hogar que había conocido.

Había nacido allí.

Había crecido allí.

Y acababa de perder a mi madre.

Ahora también iba a perder mi hogar.
Intenté discutir.

Intenté pedir explicaciones.