Se Vistió De La Peor Manera Para Una Cita A Ciegas — Sin Saber Que El Hombre Que Iba A Conocer Era Un Multimillonario Que Se Enamoró De Ella A Primera Vista

—Lucía Herrera. Maestra de tercer grado en una primaria en Coyoacán. Fanática de podcasts de misterio, dueña de un gato llamado Sherlock, y según Carla, la creadora de las mejores galletas con chispas de chocolate de toda la colonia.

Lucía no pudo evitar sonreír.

—Carla habla demasiado.

—Es una excelente gerente de proyectos —dijo Alejandro—. Y muy buena juzgando a las personas. Lleva dos años trabajando en mi empresa.

El estómago de Lucía se tensó.

—¿Tu empresa?

Alejandro se encogió de hombros.

—Tengo una pequeña firma de consultoría en Polanco. Nada emocionante… reestructuración corporativa, análisis de eficiencia… cosas que la gente finge escuchar en las reuniones.

Tomó un sorbo de café.

—Prefiero escuchar historias sobre niños de ocho años.

Pasó una hora.

Luego dos.

Lucía habló de sus estudiantes — las peleas en el recreo, los dramas en el salón, y los pequeños pero intensos problemas del mundo de los niños.

Alejandro escuchaba con verdadero interés.

No solo por cortesía.

Realmente escuchaba.

Cuando el personal del café comenzó a limpiar para cerrar, Lucía se dio cuenta de algo inesperado.

No quería irse todavía.

—Debo volver a casa —dijo—. Tengo que terminar un plan de clases.

Alejandro la miró directamente.

—¿Puedo verte otra vez?

La franqueza de su pregunta la sorprendió.

—Quizás en algún lugar donde te sientas cómoda vistiendo como quieras —añadió—. Aunque debo admitir que esa sudadera empieza a gustarme.

Lucía dudó.

Durante tres años, cada instinto dentro de ella gritaba:

Di que no.
Protégete.

Pero había algo diferente en Alejandro.

Él la estaba mirando por quien realmente era.

No por cómo debería verse.

—…Está bien —dijo finalmente—. Pero yo elijo el lugar. Y pagaré lo mío.

Alejandro sonrió.

—Trato hecho.

Se levantó y le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie.

Lucía tomó su mano y el calor de su palma provocó un extraño latido en su pecho.

Mientras caminaban hacia la salida del café, su celular vibró.

Un mensaje de Carla.

“¿Cómo va la cita?
¿Ya lo espantaste y salió corriendo?”

Lucía negó con la cabeza y sonrió.

—¿Algún problema? —preguntó Alejandro mientras abría la puerta.